
La interacción que existe entre un niño con capacidades especiales y un perro, gato, u otro animales es tal, que puede tener un efecto muy positivo en la calidad de vida y esto hace que muchas veces pueda recuperarse un poco más.
Este cambio hará que el niño se sienta responsable por el animal, le cambiará la conducta, lo ayudará a que el niños participe más de una terápia u otro tratamiento.
Los niños son confiados y es por eso que intimidan más rápido a entenderse con los animales, este lazo permitirá que actúen como coterapéutas a lograr mejores objetivos en un tiempo más corto.
