Cerdos salvajes

Cerdos salvajes

Un cerdo es fácil de reconocer: un morro por nariz, unos ojos pequeñitos y su característica cola corta y rizada. Suele tener un cuerpo gordo, con patas cortas. Son omnívoros, pueden comer de todo, y suelen escabar, incluso, para encontrar comida. No es extraño que coman sus propios excrementos o que coman animales muertos, basura… En cautividad, incluso, si están pasando hambre, se pueden comer al más pequeño del grupo. En una camada pueden nacer entre 6 y 12 lechones. Entre los cerdos salvajes, tenemos el jabalí barbudo, que nos lo encontramos en las islas de Filipinas, Sumatra y Borneo. Su aspecto físico es totalmente diferente al resto de cerdos salvajes que podemos encontrar. También, tenemos el jabalí verrugoso de Bisay, que es una localidad de las islas Filipinas, que se encuentra en serio peligro de extinción, pues sólo puede vivir en esta zona.

Los cerdos salvajes también son conocidos como jabalíes y, la verdad, son bastante más grandes que los que están domesticados. Miden, de alzada, unos 65 cms. Los machos pueden pesar entre 70 y 90 kilos, aunque se encuentran individuos que pesaban más de 150 kilos. Las hembras pesan entre 40 y 65 kilos. A diferencia de los cerdos domesticados, sus cuartos delanteros son más altos que los traseros. Tienen una malísima visión; pero, la compensa con un gran olfato, con la que llega a detectar a enemigos a más de 100 metros de distancia. Cuando nacen los jabatos poseen una rayas longitudinales, muy caracteristicas, que desaparecerán con el tiempo.

Foto: fuente

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