
En suma a todo lo visto anteriormente, se enuncia que, en caso de denegarse el acceso a la novedad en sus entornos, los animales más reactivos se adaptarán en menor manera que los animales de líneas genéticas más tranquilas (Price, 1984)
¿Qué se puede decir sobre la influencia genética en el temperamento?
Dentro del reino animal (sin excluir a los humanos), todos los individuos son diferentes. Así como algunos son en mayor menor medida son cautelosos y temerosos, y otros son calmos y plácidos.
Davis, 1992; Murphey y otros, 1980b; Kagan y otros, 1988; Boissy y Bouissou, 1995- señalan que el temperamento está delineado por la respuesta del individuo ante el miedo.
Rogan y LeDoux (1996)- afirman que el miedo es producto de un sistema neural que sufrió modificaciones evolutivas para ser capaz de detectar el peligro. Es por eso, frente a una situación potencial de peligrosidad, hace que el animal genere una respuesta que lo ayude a sobrevivir.
Broadhurst (1960)- experimentó con dos corrientes genéticas de ratas, llamadas reactivas a Maudsley y no-reactivas a Maudsley, seleccionadas según sus niveles de reactividad emocional. El objetivo era, mediante la crianza adoptiva cruzada, estudiar los efectos maternales sobre el temperamento y la emocionalidad.
Concluyó así que los efectos maternales no fueron lo suficientemente fuertes para superar las diferencias de temperamento de ambas líneas (Broadhurst, 1960). El efecto maternal puede afectar el temperamento, pero no alcanza a cambiar el temperamento de un animal que ha sido criado por una madre de la línea opuesta.
Broadhurst,1975- en sus estudios y trabajos de investigación sobre el papel de la herencia en la determinación y modelado del comportamiento, encontró que las diferencias de temperamento dadas entre los roedores persisten siempre y cuando todos los individuos son criados en el mismo entorno.
Continuará: el miedo y su base biológica, conclusiones y cierre del comportamiento animal…
Foto: 24ur
