El gato balinés

 

Foto de un gato balines tumbado

Derivado de la raza siamesa, el balinés es producto de los cruces de felinos domésticos de pelo largo, con la idea de obtener gatos de pelo largo, sedoso y abundante, pero con la complexión y variedad de tonos del siamés.

La raza posee su origen en Estados Unidos, en los años cuarenta, si bien hasta dos decenios más tarde no se reconocía como raza. Aunque pudiera pensarse otra cosa, en la mezcla genética no aparece ningún gato de Bali, sino que el nombre se le otorgó por parte de los criadores para venderlo con cierta referencia oriental.

Un gato dulce y leal

Leal como pocos a su dueño, el balinés puede también ser terriblemente desdeñoso con el resto de la familia, si es que el afecto por el amo es muy grande. Es una raza muy dulce que disfruta de la compañía de otros animales, sean de la especie o raza que sean. Busca contantemente la atención, con travesuras para que le hablen o lo tomen en brazos.

Donde el siamés posee una forma de ser un tanto arisca, el balinés es por el contrario, tranquilo, lo que le da un aire un tanto desdeñoso. Aristocrático, si lo preferimos.

De extremidades delgadas, presenta una fenomenal musculatura, las patas posteriores son, además, más altas que las anteriores. Si atendemos a los estándares de la Federación Internacional Felina, nos hallamos ante un gato esbelto, elegante, con líneas largas que se afinan, elástico y musculoso, de tamaño mediano.

Si, por contra, atendeos a lo que los dueños comentan de su mascota, además de la belleza física, este gato posee un carácter capaz de conquistar a propios y extraños. Siempre y cuando, eso sí, él decida que vale la pena prestarle un mínimo de atención a ese humano que se acerca poniendo carantoñas.

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