
La anatomía del gato es casi idéntica a la de sus parientes los salvajes más cercanos, cuentan con un esquelto preparado para estallidos repentinos de velocidad y de mucha agilidad.
Esto lo capacita para ser un cazador eficiente, permitiéndoles escapar en algunas situaciones peligrosas.
La unión entre las vertebras le da movilidad, la forma de las piernas le brindan flexibilidad y los hombros flotantes en los que la clavícula solo se sotiene con músculos, enlaza el movimiento.
La elegancia del gato y la velocidad cuando corre o cuando salta depende del esquelto y de uno de sus músculos fuertes y flexibles, que le proporcionan una combinación de agilidad y de equilibrio.