
Estos animales tienen todos algo en común: poseen pelo y glándulas mamarias protectoras, que se llenan de leche, en la época de la lactancia, para dar de comer a las crías. La mayor parte de los vivíparos lo son, con dos grandes excepciones: el ornitorrinco y las equidnas. Todos provienen de un antecesor que podría haber existido a finales del Triásico, o sea, hace más de 200 millones de años. Hoy en día, se conocen más de 5400 especies. Aunque es la que posee el menor número de especies, pero, el más estudiado en el mundo de la zoología, por que es el más complejo de todos y, por que la especie humana pertenece a él. Algunas de las novedades que posee esta clase son: la mandíbula esta formada por un hueso dentario, la movilidad de la mandíbula con el cráneo se realiza entre el dentario y el escamosal; en el oído medio nos encontramos con tres huesos pequeños: el martillo, el yunque y el estribo -aquí hay que decir que nos encontramos con una excepción, los monotremas, que tienen un oído reptiliano-; son los únicos animales que tienen pelo en casi todos los momentos de su vida -aunque, sea en su estado embrionario-. Sus glándulas sebáceas se han convertido en glándulas mamarias, para poder segregar leche, que es el alimento con el que dan de comer a sus crías.
Pero, no nos dejemos engañar, no se parecen en nada entre ellos, pues nos encontramos con la ballena azul, con sus impresionantes 160 toneladas; el murciélago, con su hocico de cerdo, que es el mamífero de menor tamaño -sólo pesa unos dos gramos-; una musaraña, o el propio ser humano. Su gran capacidad de adaptación ha provocado que pueda vivir en casi todos los hábitats de nuestro planeta, lo que ha hecho que sea la especie dominante.
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