
Los animales en las residencias de ancianos cuentan con un mayor contacto social y verbal y estos le facilitan la realización de ciertas terápias de ayuda, representan un escudo contra ese sentimientos que se apodera en los ancianos de soledad y abandono.
Los niños cuentan con una mayor autoestima, también en adultos y ancianos por el solo hecho de acariciarlos, hablarles y se desarrolla mejor el sentimientos de afecto y de seguridad personal.
Los animales de compañía fortalecen y mejoran notablemente los programas dedicados a los programas de disfunción cognitiva en niños autistas o los ancianos con alzheimer.
